Lectura del Libro "Lecturas del Progreso" - Casa de la Filosofía, junio de 2017

LECTURA DEL LIBRO LECTURAS DEL PROGRESO. Casa de la Filosofía, junio de 2017

 

 

-Es un placer compartir esta instancia de encuentro a propósito de un texto que nos introduce al diálogo y que por esto se hace presente, temporal ,vigente, vivo.

-El título: “Lecturas del progreso” es atinado pues incluye un plural de efectos multiplicadores: efectivamente se trata de lecturas que invitan nuevas lecturas. Nada menos que esas prácticas cotidianas que producen sin capitalizar, es decir, sin dominar el tiempo. Como bien afirmaba Michel de Certeau en su Invención de lo cotidiano, “la actividad lectora presenta todos los rasgos de una producción silenciosa: deriva a través de la página, metamorfosis del texto por medio del ojo viajero, improvisación y expectación de significaciones inducidas con algunas palabras, encabalgamientos de espacios escritos, danza efímera. Inepta para el almacenamiento, insinúa las astucias del placer y de una reapropiación en el texto del otro: caza furtivamente, se transporta, se hace plural como los ruidos de los cuerpos.  Hace de las palabras las salidas de historias mudas. Lo legible se transforma en memorable: Barthes lee a Proust en el texto de Stendhal; el espectador lee el paisaje de su infancia en el reportaje de actualidad”.

Nosotros, lectores de este libro, leemos a Condorcet,  Derrida, Agamben, Kant, Nietzsche, Lacan, Victor Hugo, Rousseau, Foucault, Baudrillard, Marx, Freud, Kuhn, Habermas, Heidegger, Ardao, Hegel y Comte entre tantos otros, en el texto de Viscardi, Percovich, Bolón, Portillo, Cabrera, Capurro y Baccino, conviertiendo a “la delgada piel de lo escrito en un movimiento de estratos, en un juego de espacios”.

Este despliegue diseña una cartografía sugerente que trasunta escenarios diversos por los que se recorre la idea de progreso. En ellos, la certidumbre puesta a prueba no podrá resistir el embate de un constructo en el que la enorme cantidad de nociones, conceptos principales y derivados, lineas de fuga e interrogantes, geografías y cronografías, relaciones de confluencia e imbricación de diversos campos de saberes y prácticas, dimensiones éticas, estéticas y políticas, fundan un entramado conceptual que provoca de tal modo al lector, que el cuestionamiento de la idea de progreso se hace carne. Quiero decir con esto que este -por suerte nada lineal recorrido- empuja a un punto sin dilación: el encuentro con una pregunta ética por excelencia, aquella que nos concierne como sujetos en nuestra propia relación al progreso en cuanto esta idea encarna el movimiento que orienta nuestro devenir.

 

-Agradezco entonces por esta invitación provocadora que me permitió encontrarme en este camino con un conjunto de textos magníficos, hilados de tal modo que configuran  una estética poco común. Desde el objeto libro(la fuerza del diseño de Marcelo Piriz en su portada, las metáforas que abren la lectura en el prólogo de Fernando García, el color de y textura de sus páginas, la amable letra grande y el balance de la composición de sus textos) a su contenido lúcido y contundente.

 

-Procuraré dar cuenta de algunas de las imágenes-pensamiento que me fueron emergiendo durante su recorrido procurando seguir la invitación que puede leerse en su comienzo: someter a discusión la idea de progreso en épocas de productibilidad.

 

-La primera es una imagen de Maurits Cornelius Escher: Relativity.

Si alguien nos dice que en un mismo tramo de escalera dos personas, colocadas en el mismo sentido de marcha, una sube y la otra baja, lo consideraríamos imposible. Sin embargo aquí está representado.

Un tramo de escalera es utilizado por sus dos partes, arriba y abajo, y no obstante las dos personas bajan…

Esta potencia para pensar lo imposible,

lo irrepresentable, lo inapropiable, lo fuera

de sentido, lo real, alcanza desde el arte,

en las manos de Escher, lo que corrientes

de pensamiento actuales supieron mostrar :

en  matemática, arquitectura, historia, psicoanálisis, filosofía, literatura y lenguas, esta idea se instala haciendo resistencia a la ideología lineal del progreso. 

Ahora bien, aún desde la etimología es cuestionable tal linealidad. El nombre latino progressus (generado por el verbo progredior) indica 'avanzar, ir adelante' ( pro: hacia delante y el verbo gradior: 'ir, marchar').

Si nos quedamos aquí, es cierto que la idea que se nos figura puede parecer bastante lineal.  Pero al mismo tiempo -y esto es interesante-, la raíz de gressus es gradus, que puede traducirse como “peldaño”. De hecho las gradas en un estadio son una especie de escalera donde cada nivel se asemejaría a un escalón en el que se puede permanecer. Siendo así, una traducción más afín a la etimología de progreso sería un avanzar a la vez hacia delante y hacia arriba, superando distintos niveles o peldaños. Progresar sería entonces subir una escalera y enfatizo: con la posibilidad de sentarse a descansar observando el espectáculo del mundo. De cara a ello, la imagen que vemos rompe con el conformismo de una espacialidad y movimiento consabidos(linea, escalera, a pasos o saltos) para la idea del progreso. Entiendo que hacer de las discontinuidades pensamiento vivo como la misma nos muestra, configura una dimensión estético-política potente, un acto poietico que indica la insistencia de una existencia que puja por ser reconocida.  

 

-La segunda es una obra que se encuentra en

el texto literario de Sebastián Brandt de 1549:  Stultifera Navis(traducido comúnmente como

la nave de los locos). La obra de origen

incierto aunque atribuida a Durero es un tallado

en madera titulado:

La Stultifera Navis de viaje al País de los Tontos.

La imagen me sobrevino por varias razones. En primer lugar porque este libro comienza y culmina con una figura de navegación. Desde el poderío del colonialismo europeo que marca un inicio mítico donde gloria y poder aliados se escudan bajo el ideal del progreso, hasta el extravío del cibernauta contemporáneo y futuro en el extra-bios(más allá de la vida). Así surcar el mar de las aguas reales o virtuales resulta empresa de progreso humano como se desprende del texto de García al comienzo y Baccino al final.

 

Y la nave va... Pero hacia dónde?

 

Una interrogante que no se esquiva en este libro y menos aún su respuesta. La destrucción de la condición humana se enuncia, al mismo tiempo que se suscita la pregunta por la potencialidad de transformar las condiciones de existencia.

A propósito de estos mares tempestuosos, tomo -al igual que Baccino-  la analogía que acerca la figura del navegante a la del gobernante y me pregunto:  cuáles son las distintas posiciones que podemos plantear para estos tránsitos que el progreso orienta?  Pasajeros de qué nave y hacia dónde? A modo de respuesta formulo las siguientes preguntas:

1- La posición de quienes se lanzan a la conquista de aquellos seres inferiores plenos de atavismos y casi indignos de la especie en nombre del progreso? He ahí los navegantes que parten de su tierra rumbo a otras donde imponer su verdad sin miramientos ante la destrucción del otro. Es la historia de la colonización genocida de la que surgimos y desde la que estamos hoy debatiendo la misma idea de progreso, concepción eurocentrista cuya violencia emerge de un pensamiento abismal tal como planteara el sociólogo portugués Boaventura de Souza Santos para quien este abismo que atraviesa la sociabilidad, el espacio publico y el privado, la cultura, las mentalidades y las subjetividades configura una gramática social muy vasta que divide a los humanos colocándolos de uno u otro lado de la linea.

2- La de quienes del otro lado de la orilla avizoran en el horizonte el exterminio de lenguajes y formas de vida en manos de quienes llegan a sus tierras eregidos en amos del mundo?. Recordemos las numerosas y cada vez más crecientes expropiaciones de tierras indígenas y asesinatos a mansalva de sus lideres en nombre del progreso(que alcanza a Berta Cáceres quien venía de obtener el premio Goldman por su activismo en defensa de los recursos naturales y derechos de campesinos, mujeres y campesinos). Mas elocuente imposible es la alocución que en el mismo año, con toda impunidad despliega el presidente del Banco Mundial Jim Yong Kim justificando el asesinato de líderes indígenas “por ser necesario para el desarrollo hidroeléctrico”.

3- La de quienes surcan mares y atraviesan tierras queriendo buscar orillas de cualquier lado donde sobrevivir? Es la figura de los “migrantes” que ha venido a nombrar el cuerpo del dolor de una época.

4- O la de quienes como locos puestos en una nave a la deriva muestran que expresar sin tapujos lo impensado (por el efecto de un pliegue de la linea del afuera, esa linea oceánica fuera de las formas, en términos de Deleuze y Blanchot) condena a los pasajeros quedan en un lugar excéntrico?

Ese movimiento de pliegue, ese lugar cuyo destino podría ser la tierra de los tontos, paradójicamente no lo es, pues el pliegue es el movimiento necesario para arrancar de la muerte a la línea. Ese respiro preciso que despierta del ensueño mortífero de una ideología de un progreso que procure ocultar que hay un punto en el que no se va a ningún lugar o se gira en redondo. Si la ilusión es la de una vida que escape a la muerte, sólo para algunos, sólo para algunos, me hago eco de unas duras -pero bellas en cuanto ciertas- palabras de Lacan que se me agolpan repitiéndose de tanto en tanto:

“Freud nos dice: no vayan a creer que la vida es una diosa exultante surgida para culminar en la mas bella de las formas. No crean que hay en la vida la menor fuerza de cumplimiento y progreso. La vida es una hinchazón, un moho, que no se caracteriza por otra cosa que por su aptitud para la muerte.”

Y agrega: “la vida de la que estamos cautivos, vida esencialmente alienada, ex-sistente, vida en el Otro, está como tal unida a la muerte, a la que retorna siempre. La vida solo sueña en morir. Morir, dormir, soñar quizás, precisamente en el momento en que de eso se trataba: “to be or not to be”.

 

-La tercera imagen que me convocó la lectura, es un montaje que se desprende de una creación fílmica llamada documental, aunque en rigor es una obra magistral de género no encasillable, fruto de un encuentro mágico encuentro entre imagen, música, poesía y relato, realizada por Wim Wenders y Juliano Salgado a propósito de la vida-obra del fotógrafo brasileño Sebastiào Salgado.

 

Mina de oro de Sierra Pelada, Brasil, en el film: “La sal de la tierra”

 

(Les propongo tomarnos al final 5 minutos para ver los 5 minutos del comienzo… https://www.youtube.com/watch?v=I8rFgneh26A)

...

 

-Los textos que hoy nos convocan refuerzan la idea que Nietzsche denunciaba en El anticristo cuando planteaba que el “progreso” como noción moderna, es una noción errónea: “La humanidad no supone una evolución hacia un tipo mejor, más fuerte o más elevado. El europeo de ahora es muy inferior al europeo del renacimiento” afirmaba contundente. Es decir que la evolución no significa necesariamente acrecentamiento, elevación, potenciación.

Del mismo modo se deconstruye aquí la monocultura del tiempo lineal: la idea según la cual la historia tiene sentido y dirección únicos y conocidos. El término “progreso” encuentra sus aliados formulados de diversas formas: progreso, revolución, modernización, desarrollo, crecimiento, globalización. “Común a todas estas formulaciones es la idea de que el tiempo es lineal y al frente del tiempo están los países centrales del sistema mundial y junto a ellos los conocimientos, las instituciones, y las formas de sociabilidad que en ellos dominan. Esta lógica produce no-existencia declarando atrasado todo lo que -según la norma temporal- es asimétrico con relación a lo que es declarado avanzado”  dirá el sociólogo portugués Boaventura de Souza Santos.

La vuelta feroz del cientificismo, pura ideología que sostiene la existencia de una verdad última, clara y evidente, se erige triunfante como autoridad intelectual soporte de cualquier conocimiento que se precie de válido particularmente en los ámbitos donde el saber disarmónico del sujeto y sus heridas encuentra difícil lugar.

Estas ideas que se van componiendo en el camino por los textos, se ven enriquecidas por la diversidad de miradas que sobre el problema aportan los distintos autores. Habiendo habitado con ellos el texto, que no es otra cosa que pensar juntos -pues pensar es algo que no se hace a solas-, propondré desde mi lectura algunos orientadores del sesgo particular de estos pensamientos.

 

Para comenzar quiero señalar al lector que constatará la presencia en el trabajo de Ricardo Viscardi del cuestionamiento a la idea de progreso incesante e indefinido a la que me he venido refiriendo, a través de una arista singular abordada en toda su complejidad. En este proceso se verá conducido  por  un desarrollo riguroso y lúcido sobre un punto que precisamente por mas naturalizado en la cultura es menos interrogado y por ende resulta más acuciante, a saber: el entronque entre tecnología, artefacto y su resonancia sobre el núcleo de la actividad humana. Así asistimos a un finísimo análisis acerca de las condiciones por las que el tiempo de Cronos se ve trastocado en su secuencia inscribiendo la temporalidad en la experiencia misma, por fuera de la significación del sentido. Su texto interpela particularmente la idea de un destino de decisión como consecuencia de este “progreso de la objetividad” determinado por la virtualidad del artefacto. Nos resulta verdaderamente sugerente pues en ello todo un desvarío de la continuidad representativa se produce. El autor mostrará cómo, al no dar la tecnología paso al progreso, “no hay ninguna serenidad del proceso que pudiera dirigirse de antemano a un destino proyectado”. Así “el vehículo tecnológico, imbuido de vida propia, provoca un contexto a su antojo con efectos que escapan a su control y suponen la catástrofe del equilibrio”. Las interrogantes se abren, inquietan e impelen a pensar lo nuevo.

 

-En el texto de Gonzalo Percovich, el progreso es cuestionado desde la misma condición de la especie humana. Al considerar la tensión del lazo humano-animal, produce una imagen idónea para componer la relación del sujeto al tiempo. En un recorrido que no escatima metáforas -y se agradece el recurso pues la metáforas son la condición viva que recuerda en los conceptos las diferencias, las notas distintivas-, libera el poder que tienen algunas ficciones para redefinir la realidad. A partir de abordar la idea del progreso por su relación a la temporalidad, el autor realiza un desarrollo remarcable acerca de la función del olvido. En este hábil contrapunto, allí donde la noción de progreso porta consigo la cristalización de un tiempo durable (y por ende “presumido”), el olvido se configura desde su humildad: sin propósito alguno, adviniendo como blanco del espíritu que deshabita al sujeto. Allí donde el progreso formatea al tiempo y lo orienta, el olvido abre lineas de fuga. Allí donde la verdad(aletheia) abraza desde su raiz al río del olvido(letheo), la ilusión reasegura la existencia bajo el escudo del progreso buscando en la masa garantía para el final de la partida.

 

-Alma Bolón da entrada a una dimensión del problema del progreso desde una aguda mirada estético-política al mostrar cómo las dimensiones del lazo social en juego en la construcción y destrucción urbana confirman el planteo de Derrida cuando afirmó que “si la torre de Babel se hubiera concluido, no existiría la arquitectura”. Como bien puntúa la autora, que las pasiones desatadas “escriban la historia en los muros y el escritor haga hablar a los testigos mudos del tiempo”, que el lector de Victor Hugo juegue a ser “el lector de una ciudad que escribió en la piedra sus revoluciones”, que “el universo de la realidad prosaica surja del inmenso tejido de signos que lleva escrita la historia de los pueblos”, recuerda a aquello que resistiendo al progreso, en clave de lo humano, insiste en existir.

Las ideas que hoy reafirman la necesariedad de una práctica de lo común para producir nuevas formas del lazo que combatan las formas de producción de subjetividad neoliberal, bien podrían inscribirse en esto, pues si lo común es lo inapropiable(Dardot y Leval), Bolón nos recuerda la belleza del poder demoledor de las palabras(palabras filosas, palabras-bisturí como las llamaba Alejandra Pizarnik), que sin piquetas de acero pero plenas de sonidos y deseos, devienen potencia pura de reinvención de tiempo.

 

-Bajo la fuerza de un imperativo ético: producir nueva racionalidad, el texto de José Portillo propone el reconocimiento de procesos los histórico-sociales y políticos del pensamiento occidental que permiten hoy la comprensión de las formas de pensamiento imperantes en torno a la idea de progreso.  Así, en un desarrollo procesual y sustancioso,  podemos colegir el ocaso de la razón para dar cuenta de la quimera por la cual la ciencia y la técnica serían portadores de felicidad universal en clave de progreso.

En un escenario de espacios y tiempos entramados, Foucault, Baudrillard, Jameson y Balandier resaltarán el ejercicio de una crítica en tiempos de crisis paradigmática. Poniendo a discusión distintas ideas sobre el mundo derivadas del dolor de las heridas irrecuperables de la historia(el exterminio provocado por la guerra y el hamb.re) el autor pesquisará en estas críticas los ámbitos de recuperación del pensamiento que acercan la posibilidad renovadora y responsable de asumir un proyecto colectivo responsable

 

-El texto de Bruno Cabrera  acentúa un punto de notable importancia: la relación indisoluble entre espacio y pensamiento. Desde una mirada creativa, señalará el proceso por el cual el hombre se fue apoderando de la idea de ser centro del universo, determinando una visión puramente funcional del espacio y viendo en él solo los recursos necesarios para su propia subsistencia. Pero el autor no nos ubica ante la idea de un “espacio absoluto”, -extensión infinita universal de toda la materia- sino a aquel que podemos manejar, concebir, construir, deconstruir, es decir, aquel al que le hemos dado “lugar”. Si el espacio es esencialmente lo dispuesto (aquello a lo que se ha hecho espacio, lo que se ha dejado entrar en sus fronteras(aldecir de M.Ponty), el texto es contundente para pensar cómo es que las formas de lo humano han terminado poniendo muros asfixiantes en su habitat, exhaustando los espacios por donde moverse, por donde respirar, por dónde circular. Formas inquietantes del progreso que contrastan no sólo con el contenido del tratado de economía de Schumacher que Cabrera analiza, sino con su nombre, su título, que me pareció simplemente maravilloso: “Lo pequeño es hermoso. Una economía como si la gente importara”. (Y cómo no situar aquí el eco del pensamiento de Gabriel Tarde para quien lo pequeño sostiene lo grande... )

 

Y con las resonancias de este acento en el valor del detalle[1]., los invito a leer el texto que sigue próximo. Proponiendo al progreso como un espejismo de la razón moderna, Raquel Capurro nos lleva de forma firme y elocuente al no tan frecuente lugar de lo “éxtimo”, engarce del adentro-afuera, lugar del pliegue del espacio entre ciencia y sujeto. Así nos presenta a Comte, así nos presenta esa ideología de la ciencia llamada positivismo, así nos presenta el progreso en clave de dominación[2].

La locura del optimismo que cifraba en términos del progreso la resolución feliz de la gran contradicción social también era -en la lectura del detalle- la del movimiento del amor que cifraba en los mismos términos la búsqueda de una salvación ante el extravío de la locura y de la muerte. La Parusía como horizonte pasa también a revelar la esperanza incierta de un humanismo optimista que -cuando se alía a formas de biopoder en una versión nada inocente- alimenta la gloría de un individuo cuya historia descarta el dolor para revestirse de éxito y bienestar. Pero el dolor mismo de la historia, el de las historias, enseñan que ciencia y psicoanalisis no pueden sino descentrarse del lugar del progreso. No hay progreso, hay innovaciones y no hay garantías a priori para sus efectos, pero si algo que decir, prácticas para actuar o rechazar. Diseño de una ética que no espera. 

 

-Last but not least el texto de Damián Baccino concluye las lecturas desde un magnífico  lenguaje poético que hace que sólidos conceptos, nada menos que aquellos que definen al hombre y su mundo, pasen con la sutileza del aleteo de una mariposa, el hálito de psiqué. Esto me recuerda a Nietzsche insistiendo en volver a la raíz metafórica de los conceptos pues aún cuando no lo parezcan por naturalizados, son ellos mismos versátiles ya que son residuo de una metáfora. También Derrida adviertía que todo concepto tiene en su origen la efigie de una figura sensible. Y esta sacudida a las sensibilidades es lo que promueve la lectura de Baccino cuando al resistirse a la “petrificación” se aventura en dar vida a las palabras, las subjetiva y nos lleva con toda sutileza por caminos no-lineales.  Así, las figuras de eg, bios, extra-bios, physis, kyklos y kibernetes enseñarán el terreno por donde la pregunta por el progreso cobra espesor; bailarán surcando dicha tierra aminorando el peso de la amenaza que eg ya no puede obviar y construirán una pregunta que dignamente ocupa su lugar de conclusión. De este modo, tirando el guante que con gusto recogemos los lectores, una interrogante se afirma:

“El horizonte ha cegado al cybernauta, acaso eg esté aún a tiempo de abandonar la nave, o de transformarla, para transformarse nuevamente…” (lectura en tono de pregunta, lectura en tono de afirmación)

Entonces, para concluir, si como dice Boaventura de Souza Santos, vivimos en tiempos de preguntas fuertes y respuestas débiles, este texto es ampliamente bienvenido pues instaura la fuerza de un pensamiento tan necesario como posible a la hora de fortalecer la ligazón entre pensar y actuar comprometidamente en el mundo que nos toca vivir.

 

                                                                                                                            Ana Hounie,

                                                                                                           otoño invernal de 2017



[1]Ah! el valor del detalle... eso no es poco. A no ser que concedamos a la “poquedad”, todo su valor. En un relato que se escucha decir entre la comunidad analítica, Marie Langer le habría confiado a un colega: “El psicoanálisis, ¡qué poco hace! Pero cuánto es ese poco”.

[2]Es que con relación a sus propios enunciados, hay necesariamente comprometido un sujeto de la enunciación. Ya lo decía el científico Ilya Prigogine: “A veces me pregunto si la insistencia que sobre el tiempo hago en mis trabajos no proviene de alguna manera de mi vida de emigrado en primer lugar, y después, de esta experiencia que me ha hecho testigo de acontecimientos tan importantes. Los que viven en la segunda mitad del siglo XX, no pueden darse cuenta de cómo era el mundo en los años cuarenta, cuando Mussolini, Hitler y Stalin, se repartían gran parte del poder mundial. Creo que haber pasado a través de aquellos años me ha dado una fuerte conciencia de la realidad del tiempo. Como recuerda a menudo Popper, el tiempo no puede ser una ilusión, porque sería como negar Hiroshima. Y en cierta medida, cuando hablo de esta realidad del tiempo, tal vez estoy hablando de mi propia vida.”