Chalecos amarillos: ¿de la "pesadilla" a un despertar?

El viernes 28 de setiembre pasado, fue presentado en el Instituto de Profesores Artigas, en Montevideo, el libro La pesadilla que no acaba nunca, de Christian Laval y Pierre Dardot (Gedisa, 2017). El libro pasa a ser, en razón de la insurgencia social que cunde en el propio país de los autores, una premonitoria lectura del contexto neoliberal de las sociedades europeas en la actualidad. La presentación tuvo lugar como parte del Coloquio “La institución de lo común”, organizado por la Facultad de Psicología (UdelaR) y el Consejo de Formación en Educación (ANEP). Sigue el texto leído en la oportunidad por Ricardo Viscardi.


Lo filosófico democratizado

 

El libro de Christian Laval y Pierre Dardot no corre el riesgo de recibir la célebre imputación de Napoleón a los idéologos: “Soñadores, rapsodas, metafísicos”.1 Es igualmente conocido que esta significación peyorativa del término « ideólogo » ha sido consagrada por el propio Marx con relación a la tradición metafísica, que el autor de El Capital entendía definitivamente superada por una ciencia de la Historia. Asimismo, las « lecciones de la historia » y el sentido de lo político concreto que reivendicaba el Emperador no dejan de hacerse presentes a lo largo de las páginas dedicadas a fustigar esta pesadilla en que se ha convertido, según Laval y Dardot, la sociedad neoliberal.

 

El mismo texto también hace lugar incluso, al espectro de Marx que hiciera célebre Derrida, en cuanto también se discute de metafísica, tanto en el sentido del pensamiento de Heidegger, como en el de una «ontología crítica de nosotros mismos», muy influyente en nuestros días. Si las intervenciones de corte metafísico intervienen puntualmente y diseminadas en el conjunto, no dejan de permanecer fieles a las fuentes y atinadas en su uso. Un ejemplo notable de este recurso a la metafísica, que interviene en lo más denso del análisis de lo social, proviene de este pasaje: «Esta metamorfosis del mundo en capital no proviene tanto de una ley «endógena» de la economía como de una destinación de la metafísica occidental».2

 

Con el mismo sentido de recurso a la tradición filosófica interviene la puesta en cuestión del “teorema del tribunal” de Condorcet, cuya fórmula postulaba que «(...la elaboración de la decisión es función “del nivel de conocimientos de cada uno de los participantes en el proceso deliberativo”.3 En cuanto el conocimiento procura el núcleo del patrimonio sapiente de la experiencia, su puesta en cuestión no puede provenir sino de un saber que, por encima de la formalidad cognitiva, reivindica una sabiduría que la trasciende.

 

La verticalidad de lo filosófico que jerarquiza ese trayecto textual no deja de tener efecto, una vez sobre el terreno de lo concreto, sobre el paradigma que guía el análisis. La explicación implementada en el campo de la genealogía reivindica, en efecto, una salvaguarda contra todo tipo de determinismo, tanto contra la profesión de fe en la fatalidad estructural, como contra la fatua convalidación en la observación empírica. Las actuaciones acaecidas colectivamente no pueden bajo ningún concepto ser reducidas, según Laval y Dardot, a efectos preestablecidos con antelación, en cuanto transcurren desde la fuente como margen y suplemento de las consecuencias esperadas, que se encuentran deportadas de su sentido inicial al desembocar en lo social.

 

Este “sistema” no es un conjunto cerrado de elementos, es el efecto global de un conjunto de prácticas, dispositivos e instituciones que han enmarcado y limitado progresivamente las posibilidades de elección y de acción de los Estados, de las organizaciones económicas y sociales y de los individuos. Por tanto, no es sino un conjunto cristalizado de normas y reglas que ha acabado adquiriendo una coherencia tal, que los actores se ven llevados a actuar en conformidad con ellas. Esto es lo que en economía se suele llamar “la dependencia del sendero” (path dependence)”.

 

Esta perspectiva se asocia a la teoría de la denominada “Tecnología Autónoma”, que en varias facetas se presenta compatible con la idea de una transformación, en el destino, del sentido al que se destinaba inicialmente un aparato social.4 Ese vínculo entre la teoría de la “tecnología autónoma” y cierto efecto ex-post que proviene de la actuación de un aparato colectivo, parece singularmente justificado, en cuanto la crítica desplegada se afana en describir las demasías de cierta “expertocracia”, acusada de llevar las riendas del poder normativo.

 

 

Por esta vía se encuentra descartada la identificación de la interacción con una substancialidad que proveería el trasfondo de las regularidades requeridas. Se rechaza esa solución, como consecuencia del “síndrome de Sthokolmo” que manifiestan, sobre todo con posterioridad a la crisis llamada de las “subprimes” en 2008, los conjuntos humanos que de buen grado se ofrecen, una vez tras otra, al saqueo neoliberal. Desde entonces, el postulado de una racionalidad propia a los procesos sociales con base en la correspondiente realidad objetiva se hace insostenible. Ante una realidad objetiva convertida en “Esta pesadilla que no acaba nunca”, se gana cierto derecho al cotejo entre las ideas y la crónica del derrumbe de la verosimilitud.

 

La sintaxis de la argumentación presentada

 

Esta interrogación de la catástrofe desde el plano de las ideas organiza el libro en su conjunto. La propuesta consiste en presentar la problemática y aportar claves de lectura en puntos capitales, que asimismo terminan por conllevar “puntos de capitón” en el sentido lacaniano del término; es decir anclajes en lo imposible pero real, que sin embargo determinan efectos de forma. Estos “puntos de capitón” corresponden, a partir de lo real neoliberal, a la subsunción de lo económico en lo normativo, al yo empresario de sí mismo, a la crisis en tanto que trampa armada contra la mayoría, a la financiarización de la naturaleza, para decirlo sin rodeos, al asesinato de la democracia. La desaparición de la democracia tal como Europa la ha concebido, es decir, en tanto que soberanía ejercida por el pueblo, conduce a los autores a recurrir a una formulación alternativa. La van a buscar en la antigua Grecia, en tanto que poder de una mayoría pauperizada, que se le arranca a una oligarquía que concentra, a su vez, la mayor riqueza en manos de unos pocos.

 

Esta enorme riqueza no proviene sin embargo,en la sociedad neoliberal, de la naturaleza en tanto que tal, que se encuentra desplazada, en el plano de la subjetividad así como en el de la producción, por una “puesta al límite”. En cuanto esta “puesta al límite” conlleva una subjetivación, es decir, una “razón-mundo”, corresponde asimismo a un poder que también transporta la propia realidad hacia lo imaginario. La madeja conceptual que lleva a la identificación de las víctimas con la lógica de su verdugo, permite explicar un poder inverosímil que corresponde a un quiasma, entre la ilimitación en tanto que régimen de subjetivación y el imaginario en tanto que falencia de la relación consigo.

 

Esta falencia de la relación consigo se traslada tanto a la falencia de toda relación en tanto que tal, como al absurdo de un conocimiento destinado a acrecentar la ganancia sobre sí mismo. El redoblamiento de la falencia que subraya la figura de la “expertocracia” concuerda con el absurdo de un poder-saber que hace suyo el teorema de Condorcet, ya que se coloca la decisión bajo la tutela de la formalidad sapiente, es decir, de la opinión de los expertos.

 

El sesgo implacable del poder en la sociedad neoliberal se instala por medio de la regimentación normativa de lo económico, que prevalece por sobre el poder coercitivo del propio aparato de Estado, bajo amenaza de abandono del mercado por los capitales. En cuanto esa regimentación no encuentra como base en lo real sino el imaginario de los individuos, se impone contraponerle un reticulado conceptual igualmente riguroso. Por esa razón la polémica se difiere hasta la conclusión del libro, dado que la atrocidad del presente se impone sin resistencias por su mera descripción, como en el caso de la sumisión exigida al Estado Griego, a raíz de la inviabilidad de la llamada “deuda soberana” que se le había fabricado. El núcleo de esta lógica implacable, que se subleva ante la fatalidad normativa de lo económico, proviene sin dilaciones de la descripción de la crisis, en cuanto la salida posible de tal crisis no conlleva sino una sustracción, todavía mayor, del ingreso nacional por la oligarquía financiera mundializada.

 

La introducción desarrolla, de forma concordante, las cuestiones que surgen de un inventario del presente en las sociedades neoliberales. El primer capítulo reanuda con un sentido de la democracia retomado del arcano griego, los dos capítulos siguientes aportan lo esencial del binomio imaginario-ilimitación, que está destinado a cuestionar la trama normativa, de función política, propia al economicismo neoliberal. Los capítulos posteriores formulan, a través de una descripción implacable, la quiebra democrática de las instituciones europeas, de los políticos profesionales, de los expertos al servicio de los malechores de lo social y finalmente se interpela, una vez llegados a la conclusión, las teorías en liza. Aunque no se trate del centro temático del libro, igualmente se postula la cuestión de una configuración no-experta de la experiencia, por cuyo intermedio los no-expertos aspirarían a un acceso a lo común.

 

El cuidado de una cuestión foucaldiana

 

El reproche que se le dirige a Foucault, en cuanto habría relegado en el curso de su análisis de la autosubjetivación, tanto el alcance de la desafectación de la democracia como el vigor del capitalismo, quizás se vincule ante todo a la dificultad que supone -incluso desde el punto de vista que desarrollan los autores, la explicación del presente del mundialismo. Según Michel Senellart, en efecto, Foucault habría observado, respecto al régimen socialista que acababa de instalarse en el gobierno de Francia, que aquel elenco parecía ocuparse más del Estado que de gobernar,5 al mismo tiempo que su preocupación por el vigor del neoliberalismo lo había conducido, desde su enseñanza en el Colegio de Francia, a abandonar el eje de la biopolítica por el de la gubernamentalidad.6 Acerca de este punto Laval y Dardot entienden que el soslayamiento del alcance de la dominación, tanto estatal la como la capitalista, corresponde en Foucault a una opción metodológica, que habría llevado al profesor del Colegio de Francia a interesarse en la autosubjetivación, antes que en la devastación sufrida por la democracia, particularmente bajo los efectos del capitalismo.

 

Esta observación crítica puede parecer tanto más paradójica en cuanto se acompaña, algunas líneas después, de la afirmación según la cual: «Si hay que remediar esta limitación, abriendo el ángulo de reflexión, es decir, intentando articular la razón neoliberal con la lógica del capital, sólo es posible hacerlo extendiendo su examen de las formas de gubernamentalidad”.7

 

Sin embargo sería más bien esta extensión que podría ser objeto de interrogación, tanto más en cuanto la misma parece esquivar el vínculo decisivo entre imaginario e ilimitación, en la medida en que surge como lo propio de su quiasma, la puesta al límite de toda realidad, que por esa vía pasa a convertirse en colocación imaginaria del capitalismo:

 

«Es una lógica de la ilimitación que, de este modo, tiende a imponerse en todos los ámbitos. Todo individuo es llamado a convertirse en “capital humano”; todo elemento de la naturaleza es visto como un recurso productivo; toda institución es vista como un instrumento de la producción. La realidad humana y natural se inscribe íntegramente en el lenguaje matemático de la economía y de la gestión. Ahí reside el resorte imaginario del capitalismo, convertido en una evidencia, en una necesidad, en la realidad misma”.8

 

Respecto a la cuestión de la ilimitación uno puede interrogarse acerca de la incidencia en el texto de Foucault de la noción de “puesta al límite”, que ya se encontraba en Husserl, de quien el autor de La arqueología del saber ha reconocido un aporte decisivo en el plano de sus lecturas de juventud. 9 Por otro lado, una de las categorías fundamentales del último Husserl, en particular el “a priori histórico”, se encuentra incorporada en uno de los pasajes más finos de la arqueología, donde Foucault subraya “la diferencia de naturaleza y de nivel” de este último con “el a priori formal”.10 Ahora, el a priori histórico supone, en Husserl, el suelo sobre el que retorna la “praxis teórica” para abrir la posibilidad de “puesta al límite”, que lleva a su vez, a lo universal del concepto.11

 

Por lo tanto uno podría inclinarse hacia la hipótesis de una “ilimitación” que en el contexto foucaldiano correspondería tanto a Husserl como a Lévi-Strauss, es decir, tanto a la estofa del “presente-vivo” husserliano como a la “eficacia simbólica” lévi-straussiana. Incluso porque como se sabe, esta última fue retomada por el propio Lacan en tanto que condición de posibilidad de lo imaginario, 12 mientras llegó a ser incorporada por Lévi-Strauss a partir de su encuentro con Jakobson, de pura fuente saussuriana.13

 

Pareciera por lo tanto que la “inflexión metodológica”, que según Laval y Dardot habría llevado el pensamiento de Foucault lejos de la cuestión de la democracia y del capitalismo, podría quizás corresponder ante todo a una “inflexión epistémica”, que atraviesa el conjunto de la obra del filósofo. Senellart subraya, en efecto, que la genealogía del bio-poder es abordada “de forma oblicua”14 en los cursos del Colegio de Francia, mientras que la misma interrogación abre, por una vía directa y profunda, al alcance bastante más explicativo y alternativo de la gubernamentalidad. Se podría ver en el propósito que guía la inflexión foucaldiana, en cuanto tal propósito no interviene sino motivado por la bio-política, la misma línea recta que lo lleva, desde Las palabras y las cosas hasta El gobierno de sí y de los otros, tanto a reivindicar el pensamiento de Marx como a tomar sus distancias con este último. Ahora, las distancias que toma Foucault con relación al “descentramiento” que celebra en Marx,15 se vinculan sobre todo a la cuestión de la democracia y a la del capitalismo.16

 

No se puede dejar de vincular esta búsqueda de una explicación más “positiva” (en el sentido de las “positividades” analizadas en Las palabras y las cosas), que simbólica en el sentido propio al “lenguaje”, con la cruel carencia que supone la ausencia de un análisis de la comunicación, respecto a una sociedad en la cual los medios hacen la diferencia, particularmente en lo que respecta a la manipulación de los públicos.

 

El análisis de la comunicación se reduce, en efecto, a la consideración de sus malandanzas en el plano de la desorientación de la opinión pública. La ausencia de un planteo crítico específico de la mediación entra en contradicción, sobre todo en el plano de lo mediático, con el designio de levantar el guante ante una desafiante mundalización que supera los límites estatales, mientras por otro lado, también se sacrifica la consideración de una vinculación en redes que trasciende el úkase estatal.

 

Observaciones desde Uruguay

 

Lo más difícil de la presentación de “Esta pesadilla que no acaba nunca” en el Uruguay, es explicar la distancia entre todo lo que este libro cuestiona y las certidumbres que una gran mayoría entre los “formadores de opinión” -incluso universitarios, han defendido como razonables entre nosotros. Esto no se reduce, ni mucho menos, a un simple efecto de malversación ideológica, ya que nos encontramos en territorio de “partidocracia”,17 donde la denuncia de la obsolescencia de la representación estatal es tenida por un propósito siniestro. Hace pocas semanas atrás, responsables políticos del más alto nivel ponían en el banquillo de los acusados, una vez más, a lo que se denomina “antipolítica”,18 término que refiere a esa aviesa inclinación a criticar a los políticos profesionales. Se agrega entremezclada un poco de crítica de la corrupción en las “redes sociales” y sobre el final una pizca de “post-verdad” y se sirve bien caliente ante los lectores-escuchas, para probar que no son los políticos quienes están en riesgo, porque se trata ante todo del riesgo que corre la “democracia” más cristalina.

 

Un libro que destaca propósitos tales como « En otras palabras, el Estado endeudado debe garantizar el capital welfare contra la población”,19 “ La gravísima crisis que hoy afecta a la llamada “democracia representativa” se debe a la conjunción de un vicio estructural, el de la profesionalización de la política o “caciquismo”, con los efectos de una lógica neoliberal contraria a la gran mayoría de la población”,20 “Y la izquierda, que hay que calificar de derechas forma parte de ello plenamente”21 o incluso, “Nuestra situación nos impone el cuestionamiento radical de la lógica misma de la representación política, y esto hay que hacerlo en primer lugar mediante la elaboración de un proyecto alternativo”22; puede suscitar en el Uruguay las más diversas formas de rechazo. En primer término la denegación que ante todo evita hacer cualquier comentario, asimismo la lectura desviada del razonamiento que no se quiere aceptar, más peligrosa aún a largo plazo, la recepción académica que reduce el alcance crítico al contenido conceptual. No quita que este libro habla de algo que no se detiene en las fronteras nacionales, con sobradas razones.

 

 

2Laval, Ch., Dardot, P. (2017) La pesadilla que no acaba nunca, Gedisa, p.66.

3Laval, Ch., Dardot, P., op.cit., p. 162.

4Parente, D. (2010) Del órgano al artefacto, Edulp, La Plata, p.169.

5 Foucault, M. (2004) Securité, Territoire, Population, Gallimard-Seuil, Paris, p. 384.

6Foucault, M. (2004), op.cit. pp. 381-382.

7Laval, Ch., Dardot, P., op.cit., p. 65.

8Laval, Ch., Dardot, P., op.cit., p. 66.

9«Les confessions de Michel Foucault» (entretien réalisé par Roger-Pol Droit), Nouveau Millénaire, défis libertaires, http://1libertaire.free.fr/Foucault40.html

10Foucault, M. (1969) L'archéologie du savoir, Gallimard, Paris, p. 169.

11Husserl, E. (1962) L'origine de la géometrie, PUF, Paris, pp. 211-212.

12Lacan, J. (1966) Ecrits I, Seuil, Paris, p. 91.

13Dagfal, A. (2009) «El encuentro de Lacan con Lévi-Strauss: del poder de la imagen a la eficacia del símbolo” en Claude Lévi-Strauss en el pensamiento contemporáneo, Colihue, Buenos Aires, p. 200.

14Foucault, M. (2004), op.cit. pp. 382.

15Foucault, M. (1969) L'archéologie du savoir, op.cit., p. 22.

16«Les confessions de Michel Foucault», op.cit.

17Garcé, A. «La partidocracia cruje (los “autoconvocados” y el sistema político)”, El Observador, https://www.elobservador.com.uy/nota/la-partidocracia-cruje-los-autoconvocados-y-el-sistema-politico--201827500

18Viscardi, R. , “Antipolítica” como alarma: regresistas del mundo, uníos !, http://ricardoviscardi.blogspot.com/2018/02/antipoliticacomo-alarma-regresistas-del.html

19Laval, Ch., Dardot, P., op.cit., p. 120.

20Laval, Ch., Dardot, P., op.cit., pp. 131-132.

21Laval, Ch., Dardot, P., op.cit., p. 151.

22Laval, Ch., Dardot, P., op.cit., pp. 159-160.